Cosas más allá de todo. Están más adentro de todos, dónde las palabras no alcanzan a explicar lo que somos etéreamente. Allí dónde la esencia se vuelve carne, dónde encontramos la materia que no podemos ni ver ni tocar pero aún así en ella creemos. Día a día nos alimenta, nos impulsa aunque no exista. Ella es tan indefinible como incierta y contradictoria, completamente huidiza, inquieta y al mismo tiempo abstracta. Puede quizás saborearla en un beso, pero no puede retenerla en sus manos. No hay capricho que pueda vencerla, sabe bien cómo son las cosas. Sabe que, su lugar está lejos de aquí. Pudiera ser que no supiera dónde está. Sin embargo, aquella, voz interior del alma espera algún día llegar. Lento, el paso desorientado y los ojos bien abiertos esperando una señal que indique el camino. Algo, alguien de su tierra que pueda mostrarle cómo no morirse en este mundo tan pobremente concreto, lleno de ambiciones materialistas que perturban el sueño. Ella se sustrae de aquellos términos, o hace todo lo posible mientras esta aquí. Para no perderse en la vorágine inmediata y frugal en la que muchos viven sin darse cuenta. Lo que ella persigue es el sentido, la respuesta, poder grabar un momento en la memoria se lo más certero que quiere alcanzar, el mayor premio. Por obtenerlo, muchas veces, se ha perdido. Se ha encerrado gritando y pidiendo no volver más. A dónde quisiera saber es que no desea estar más, que lugar es aquel que ya no quiere ocupar. Qué rotulo lleva pegado en la frente sin llegar a verlo. Si una sombra pesara, si el pasado no pudiera dejarse atrás, si no pudiera romperse los rótulos que aquellos, quienes no la conocen, le ponen. Si así fuera, si esta realidad pudiera vencerla. Si acaso pudiera robarle hasta el último aliento. Si pudiera la vida agobiarla tanto que ya no hubieran más, en su mente, estos juegos de palabras. Si la realidad cancelara su boleto de ida a ese mundo dónde nada la puede lastimar. Aquel lugar que se erige, en los momentos más desesperados, frente a ella que está tan desesperada y llorando. Aquel refugio, rincón eterno de las palabras. Si acaso lo robaran todo eso que es, lo más preciado a su forma de ver, entonces todo estaría perdido y ya no habría más un sueño que pudiera alimentar.
11.5.09
Pegó el grito y estalló. Su voz se quebró, se deshizo en un grito y corrió…
Corrió la voz en el viento. Como fugitivos escaparon para no volver.
Todo se apagó. Todo quedó a oscuras, no había ni una luz en el mundo.
Alguien se figuró el mundo como lo que realmente era: una sucesión, un conglomerado, un ida y vuelta incesante, imparable. Todos corren atrás del tiempo, corren pero nunca alcanzan. Todos están presentes en todas partes y en ningún lado.
Hasta que llega aquel día dónde nadie puede correr porque el corazón no late; donde no hace falta marchar al compás del tiempo porque los segundos no cuentan, donde nadie tiene miedo porque ya nada le puede ser arrebatado.
Poder decir antes fue querer decir y después … después todo se convirtió en silencio.
“Pronto, muy pronto… – pensó –Todo lo dicho no será más que volvo; lo no dicho también ha de ser callado, guardado bajo llave, ante esta inminente invasión del sin sentido.”
Todo sería polvo, alma y cuerpo del hoy y del ayer serían lo mismo.
En un solo instante se figuró a si misma como un punto insignificante en el interminable espacio azul que es el cielo que imaginamos porque en realidad no existe. Y aún sabiendo que no existe cuando es gris nos atrae el llanto. Y así son las cosas que no vemos, que creemos imaginar, que no tenemos. Nuestra pequeña esencia se conforma con darles un alma y hacerlos reales y sentirnos menos insignificantes sólo porque podemos creer en ellos, sólo porque tenemos cerca un pedazo de cielo. Pero la verdad es que el cielo no existe, que tan sólo es una ilusión más producto de la imaginación.
Quizás he perdido la razón. ¿Qué razón? He chocado con un abismo y quiero saltar. ¿Habré perdido la razón? Algo está como no debe de estar. Hay que parar.
¿Parar cómo? Ya no quiero sufrir más… ¿Continuar cómo? …
Todo se calló; de repente no hubo unsolo pensamiento más en el aire. Se detuvo el tiempo… Miró por la ventanay finalmente cayó...